Los sonidos de la selva
Topher
White usa teléfonos viejos para crear sistemas de detección de sonidos que
alertan de actividades ilícitas en las selvas tropicales
En el dosel arbóreo de la Reserva de Canandé, en Ecuador, Topher White, Explorador Emergente de National Geographic y Laureado Adjunto de los Premios Rolex a la Iniciativa, instala su dispositivo compuesto por un teléfono móvil reciclado, un micrófono, antenas y placas solares.
Foto: ROLEX/Stefan Walter
Eva van den Berg
Su acertada
ocurrencia hizo que fuese nominado Explorador Emergente de National
Geographic en 2015 y valedor de los Premios Rolex a la Iniciativa en
2019, esos galardones que desde 1976 la firma suiza de relojes otorga a
proyectos destinados a hacer del mundo un lugar mejor. El estadounidense Topher
White, ingeniero y físico, es un gran amante de la tecnología. Pero le gusta
decir que su invento está lejos de ser una propuesta high-tech, pues no es más
que el ensamblaje de piezas ya existentes unidas para un fin rompedor: dotar de
oídos a las selvas tropicales que permitan detectar actividades delictivas y
extremadamente nocivas, como la caza furtiva y la tala ilegal.
La idea de crear
unos "oídos electrónicos" para contribuir a la preservación de la
selva surgió en 2011, cuando White se hallaba de viaje turístico en Borneo,
concretamente en una reserva de gibones. "Se oían los gritos de los
gibones y de otros muchos animales, como cálaos y cigarras. Había una constante
cacofonía de sonidos. En esa reserva había tres guardas que se dedicaban a
proteger la zona de la tala ilegal. Aun así, un día que salimos a
caminar nos encontramos con que alguien acababa de cortar un árbol a unos pocos
cientos de metros del santuario. Sin embargo... ¡nadie lo había oído! El
bosque es un lugar muy, muy ruidoso", afirma White.
En una plantación ecuatoriana de palma aceitera, White se dirige con un guarda hacia el árbol en cuya copa instalarán el dispositivo. Aunque los guardas aprenden a hacer el mantenimiento del dispositivo, desde Rainforest Connection se envían las actualizaciones del software de forma remota, lo que permite que aguanten hasta tres años sin necesidad de que nadie los manipule.
Foto: ROLEX/Stefan Walter
Según la ONU, el
90 % de las talas que se llevan a cabo en las selvas tropicales son ilegales. La
deforestación, responsable del 17 % del total de las emisiones de gases de
efecto invernadero, pone en peligro una biodiversidad que afronta hoy la mayor
crisis desde las extinciones masivas del Cretácico, aquellas que hace unos 66
millones de años se llevaron por delante a los dinosaurios y a otras muchísimas
especies. ¿Qué se podría hacer para afrontar ese problema de consecuencias tan
dramáticas que amenazan además el futuro de los pueblos indígenas que habitan
estas áreas?, se preguntó White. Borneo resultó "inspirador" en ese
sentido, pues en esta isla indonesia se da uno de los índices de
deforestación más altos del mundo, con casi 300.000 kilómetros cuadrados
talados, quemados o degradados en el último siglo, una porción de planeta
más grande que todo el Reino Unido.
En aquel momento el
espíritu inventor de White se puso en marcha. Una de las cosas que tuvo claras
desde el principio es que el tema requería una aproximación sencilla y
factible, "nada de soluciones absurdas de alta tecnología", se dijo.
"Me sorprendió muchísimo descubrir que en plena selva había buena
cobertura. En medio de la nada, podíamos comunicarnos por el móvil. No
teníamos electricidad y estábamos a cientos de kilómetros de la carretera más
cercana, pero había señal de red", recuerda. Entonces gestó la idea: ¿y si
reciclara teléfonos móviles viejos para montar un sistema de monitoreo del
bosque que capte y analice todos sus sonidos? "Descarté cualquier
sistema basado en imágenes porque en un ecosistema tan denso no tienen apenas
efectividad", añade.
El proyecto empezó
a tomar forma y en 2014 fundó la organización no gubernamental Rainforest
Connection, desde la cual se abordó el diseño y la puesta en marcha de estos
dispositivos que constan de un software llamado El Guardián, que para funcionar
utiliza el procesador de los smartphones reciclados que la gente les envía
desde todo el mundo. El dispositivo se encierra en una caja estanca junto a un
micrófono altamente sensible y se le dota de cuatro antenas direccionales y de
unos paneles solares que permiten una operatividad de 24 horas al día. Estos
"oídos electrónicos" se colocan en los doseles arbóreos, a más de 30
metros de altura e invisibles desde el suelo, y almacenan todos los sonidos del
bosque que se producen a tres kilómetros a la redonda. Mediante modelos basados
en aprendizaje automático e inteligencia artificial, son capaces de discriminar
los ruidos de los animales de los que generan las motosierras o los motores de
los vehículos. Si detectan estos dos últimos, el teléfono manda un
mensaje de alerta por medio de una aplicación a los móviles de los
guardabosques, quienes entonces deciden cómo actuar.
Encaramados en lo alto de un árbol en la selva de
Ecuador, Topher White (a la derecha) y el guarda José Manuel Anapa realizan
los últimos ajustes de las placas solares de un dispositivo.
Foto: ROLEX/Stefan Walter
"Para hacer
las primeras pruebas regresamos a Indonesia, a otra reserva natural amenazada
por la tala ilegal. Al segundo día de haberlo instalado ya recibimos la primera
alerta en tiempo real. Era el ruido de unos madereros manejando motosierras.
Fuimos a detenerlos, yo estaba muy nervioso. El caso es que los pillamos en
acción y se quedaron sorprendidísimos y, por lo que sabemos, nunca han vuelto a
ese lugar". Tras aquellas pruebas exitosas, la noticia se expandió
y mucha gente empezó a contactar con él desde distintos lugares del mundo,
interesada en colocar esos sensores en sus preciados, biodiversos y amenazados
bosques.
Topher White ya ha probado
exhaustivamente su tecnología en Brasil, Costa Rica, Ecuador, Rumanía,
Sudáfrica, Belice, Filipinas, la isla indonesia de Sumatra y Perú
En colaboración con
las comunidades locales de cada lugar, Topher White ya ha probado
exhaustivamente su tecnología en Brasil, Costa Rica, Ecuador, Rumanía,
Sudáfrica, Belice, Filipinas, la isla indonesia de Sumatra y Perú. "El
trabajo que hacemos con las poblaciones locales es muy importante, pues son las
que protegen estas zonas y desempeñan un papel fundamental en la lucha contra
la deforestación y el cambio climático".
Las transmisiones de audio que emiten estos dispositivos «guardianes de los bosques» se reciben en el centro operativo de Rainforest Connection (arriba) y se suben a la nube en tiempo real.
Foto: ROLEX/Stefan Walter
Por ahora su
invento garantiza ya la protección de casi 3.000 kilómetros cuadrados de selva,
aunque espera duplicar la superficie cubierta por esos guardianes de los
bosques en los próximos años. "Aspiramos a ser la herramienta que usen las
organizaciones conservacionistas, las fundaciones y los donantes para medir el
impacto de las iniciativas de conservación". Y es que, además de servir
para prevenir delitos medioambientales, Rainforest Connection (de forma
abreviada llamada RFCx) se erige como una plataforma bioacústica en la que
queda almacenada, en palabras de este ingenioso tecnólogo, "cada llamada
de pájaro, chirrido de insecto, susurro en las hojas y cada gota de lluvia:
estamos creando una biblioteca digital que puede brindar a los científicos
acceso instantáneo a vastos tesoros de datos acústicos sin procesar recopilados
en los bosques tropicales de todo el mundo". El propósito es
facilitar un uso de datos compartidos que permitan análisis más sofisticados y
capacidades de aprendizaje automático para conectar la investigación y la
conservación mediante la monitorización de ecosistemas. "Con esta
tecnología también se pueden monitorizar los sonidos de especies animales
importantes, lo que ayuda a los científicos a estudiar la salud de las
poblaciones de una zona determinada y a mejorar las labores de conservación
–asegura White–. Incluso podríamos detectar la presencia de animales que ni
siquiera emiten sonidos. Los jaguares, por ejemplo, no siempre vocalizan, pero
las aves y otros animales que están a su alrededor sí lo hacen".
Sin duda, un gran
logro el de White y su equipo. Usando tecnología antigua y viejos teléfonos en
desuso, ha logrado poner en marcha una plataforma desde la que hacer ciencia y
conservación de vanguardia en todo el planeta. Como dijo el publicista
David Ogilvy: las mejores ideas suelen surgir de la simplicidad.
El ingeniero y físico estadounidense
Topher White fue un Laureado Adjunto de los Premios Rolex a la Iniciativa en
2019. Este artículo ha contado con el apoyo de Rolex, que colabora con National
Geographic para arrojar luz, mediante la ciencia, la exploración y la
divulgación, sobre los retos que afrontan los sistemas más cruciales que
sustentan la vida en la Tierra. Más información en www.rolex.org/es/rolex-awards.
Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/escudrinando-sonidos-selva_15851


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